Hasta que el pueblo las canta,

las coplas, coplas no son.

Y cuando las canta el pueblo,

ya nadie sabe el autor.

Procura tú que tus coplas,

vayan al pueblo a parar.

Que al volcar el corazón,

en el alma popular...

¡Lo que se pierde de gloria

se gana de eternidad!

Facundo Cabral

 

 

Notas de Divulgación[1]

La divulgación de la ciencia es una labor multidisciplinaría cuyo objetivo es comunicar, utilizando una diversidad de medios, el conocimiento científico a distintos público voluntarios, recreando ese conocimiento con fidelidad, contextualizándolo para hacerlo accesible.[2]

 Para quien esto escribe desde hace más de diez años, divulgar es tanto como comunicar al vulgo, es decir, al pueblo, entendiendo que del pueblo todos formamos parte, desde el más explotado y perseguido indígena que se reconoce mexicano hasta el presidente de la República.

El divulgador, como el comunicador, sabe que esto implica asumir que no es lo mismo tratar de comunicarse con un niño que con un adulto o joven, con el público escolarizado que con gente con escolaridad, con especialistas de un área del conocimiento que con personas  que no dominan el lenguaje de esa especialidad, etcétera.[3]

En la divulgación de la ciencia, uno puede y debe transformar los conceptos abstractos mediante analogías, etcétera, en significados conocidos por un público no especializado para que éste asimile esos significados y también los haga suyos; no es lo mismo que un joven diga: “me enseñaron tal cosa”, a que diga: “aprendí dicha cosa”. Cuando dice “aprendí” quiere decir que ha hecho suyo el conocimiento. Esto en las clases formales es de la máxima importancia, con todo que allí ese o esa joven son presa cautiva del profesor. El caso del divulgador es distinto; no tiene esa ventaja sobre el maestro, ya que el público del divulgador, si no encuentra interesante la presentación, simplemente se sale de la sala, deja de leer el artículo o sencillamente cambia de canal.[4]

De todos los medios masivos de información, la televisión forma e informa a la inmensa cantidad de gente que la ve. Actualmente existe un gran número de programas y de comerciales que sin ser científicos, se revisten de toda la parafernalia de la ciencia. Así se venden enjuagues con provitaminas, fijadores de pelo ecológicos, se transmiten programas de aguas milagrosas o de vida extraterrestre, donde el conductor continuamente cita a investigadores europeos o americanos que aseguran haber realizado dichas investigaciones, sin embargo nunca se dice en qué Universidad, en dónde se publicó, quién lo avala. Sin embargo, como salió por televisión, mucha gente lo toma como verdadero. Es responsabilidad de los divulgadores dar el punto de vista de estos temas desde la ciencia.[5]

Si la divulgación llega a penetrar los medios masivos de comunicación (la televisión, la radio, las revistas, los libros, los museos, y los periódicos), tendremos acceso al conocimiento científico y técnico. Diariamente estaremos aprendiendo, en lugar de leer, ver o escuchar miles de malas noticias o declaraciones vacías que venden mucho pero no aportan nada para nuestro desarrollo intelectual.[6]

Tradicionalmente, la ciencia y su divulgación han sido combatidas por los más variados intereses particulares que buscan la explotación o la manipulación de la sociedad y se benefician de su ignorancia. Estos intereses son muy poderosos, se encuentran por doquier y hoy en día suele presentarse en forma tan sutil que no se les reconoce fácilmente  y forman o deforman a su favor la divulgación científica; el charlatán de hoy no es ya el merolico callejero, sino que cuenta con grandes recursos y se presenta con apariencia respetable, a veces hasta filantrópica. Como la legislación al respecto es débil, primitiva e ingenua, hay una especie de actitud pública que no sólo se escandaliza con la propaganda fraudulenta que nos inunda, sino que a veces hasta la festeja.[7] Es cierto, que no hay nada mejor para un gobierno que un pueblo sin cultura, sin embargo, tengamos en cuenta que a la larga se torna perjudicial por su ingobernabilidad.[8]

Estoy convencido de que nuestro país abunda en talentos desperdiciados por falta de información y motivación o por mitos populares como el de “las ciencias son muy aburridas” o “los investigadores son locos que quieren dominar el mundo”. También estoy convencido de que divulgar la ciencia es fundamental para informar, motivar  y acabar con estos mitos y de que, por tanto, urge implementar una intensa campaña de divulgación de la ciencia a todos los niveles para evitar seguir atrasándonos cada vez más respecto a los países desarrollados.[9]

Sólo una sociedad que entienda la importancia de la ciencia y sus procesos, dará los apoyos que son tan esenciales. Por lo tanto, por el bien personal, el colectivo y el de la ciencia misma, ya no debe posponerse más la tarea de fomentar una cultura científica en la población.[10]

En resumen, la cultura científica que requiere el ciudadano del futuro va mucho más allá de poseer determinados conocimientos básicos de ciencia y herramientas intelectuales. Tienen que entender el carácter evolutivo de la naturaleza y del conocimiento y haber realizado una reflexión sobre como se construye el conocimiento. También tiene que ser capaz de aprender rápidamente, trabajar en equipo y mantener una mentalidad abierta para comprender el mundo natural y social en que vive.

En fin, la divulgación de la ciencia podrá contribuir a que el ser humano sea más humano, tanto por incrementar sus conocimientos y capacidades como por la aplicación de instrumentos que le permitan tomar mejores decisiones.[11]

 


[1] Fragmentos tomados de: Tonda, J., Sánchez, A.M., y Chávez, N., Antología de la Divulgación de la Ciencia en México, DGDC, UNAM, México, 2002.

[2] Sánchez Mora, A.M., El bestiario de los divulgadores.

[3] García Fernández, H., Confesiones de un divulgador.

[4] De la Herrán, J., Reflexiones sobre la Divulgación en México.

[5] Duhne Backhauss, M., La divulgación de la ciencia a través de la televisión.

[6] Tonda Mazón, J., La divulgación de la ciencia como profesión.

[7] Bourges Rodríguez, H., Algunas reflexiones sobre la divulgación de la ciencia.

[8] Carl Sagan.

[9] Herrera Andrade, M.A., Divulgar…¿por qué y para qué?.

[10] Reynoso Haynes, E., La cultura científica y la comunidad de divulgación de la ciencia y la técnica.

[11] Zamarrón Garza, G., Divulgación de la ciencia. Un acercamiento.

    

 

 

Ciencia y Esperanza[*]

 

Hemos preparado una civilización global en la que los elementos más cruciales –el transporte, las comunicaciones y todas las demás industrias: la agricultura, la medicina, la educación, el ocio, la protección del ambiente, e incluso la institución democrática clave de las elecciones- dependen profundamente de la ciencia y la tecnología. También hemos dispuesto las cosas de modo que nadie entienda la ciencia y la tecnología. Eso es una garantía de desastre. Podríamos seguir así una temporada pero, antes o después, esta mezcla combustible de ignorancia y poder nos explotará en la cara.

Popularizar la ciencia –intentar hacer accesibles los métodos y descubrimientos a los no científicos- es algo que se debe hacer, de manera natural e inmediata. No explicar la ciencia me parece perverso. Cuando uno se enamora, quiere contarlo al mundo.

La ciencia puede ser difícil de entender. Puede desafiar creencias arraigadas. Cuando sus productos se ponen a disposición de políticos o industriales, puede conducir a las armas de destrucción masiva y a graves amenazas al entorno. Pero debo decir una cosa a su favor: cumple su cometido.

Para mí, hay cuatro razones principales para realizar un esfuerzo concertado que acerque la ciencia –por radio, televisión, cine, periódicos, libros, programas de computadora, parques temáticos y aulas de clase- a todos los ciudadanos.

 

1.      A pesar de las abundantes oportunidades de mal uso, la ciencia puede ser el camino dorado  para que las naciones en vías de desarrollo salgan de la pobreza y el atraso.

2.      La ciencia nos alerta de los riesgos que plantean las tecnologías que alteran el mundo, especialmente para el medio ambiente.

3.      La ciencia nos enseña los aspectos más profundos de orígenes, naturalezas y destinos: de nuestra especie, de la vida, de nuestro planeta, del universo.

4.      Los valores de la ciencia y los valores de la democracia son concordantes, en muchos casos indistinguibles. La ciencia y la democracia empezaron -en sus encarnaciones civilizadas- en el mismo tiempo y lugar, en los siglos VII y VI a.C. en Grecia.

 

La ciencia confiere poder a todo aquel que se tome la molestia de estudiarla (aunque sistemáticamente se ha impedido a demasiados). La ciencia prospera con el libre intercambio de ideas, y ciertamente lo requiere; sus valores son antitéticos  al secreto. La ciencia no posee posiciones ventajosas o privilegios especiales. Un ser extraterrestre recién llegado a la tierra – si hiciera un examen de lo que presentamos principalmente a nuestros hijos en televisión, radio, cine, periódicos, revistas, cómics, y muchos libros- podría llegar fácilmente a la conclusión de que queremos enseñarles asesinatos, violaciones, crueldad, superstición, credulidad y consumismo. Insistimos en ello y, y a fuerza de repetición, por fin muchos de ellos quizá aprendan. ¿Qué tipo de sociedad podríamos crear si, en lugar de eso, les inculcáramos la ciencia y un soplo de esperanza?.

 

    

 

 

No hay preguntas estúpidas

 

En un mundo en transición, estudiantes y profesores necesitan enseñarse a sí mismos una habilidad esencial: aprender a aprender. Excepto para los niños (que no saben lo suficiente como para dejar de hacer las preguntas importantes). He visto muchos adultos que se enfadan cuando un niño les hace preguntas científicas. ¿Por qué la luna es redonda?, preguntan los niños. ¿Por qué la hierba es verde? ¿Qué es un sueño?...Demasiados padres y maestros contestan con irritación o ridiculización, o pasan rápidamente a otra cosa. No entiendo por qué los adultos simulan saberlo todo ante un niño. ¿Qué tiene de malo admitir que no sabemos algo? ¿Es tan frágil nuestro orgullo?. Porque en lugar de mostrar nuestro enfado no tratamos de explicar aquello de lo que tenemos idea, aunque el intento sea incompleto sirve como reafirmación e infunde ánimo. Si no tenemos ni idea de la respuesta, podemos ir a la enciclopedia. Si no tenemos enciclopedia, podemos llevar al niño a la biblioteca. O podríamos decir: No sé la respuesta. Quizá no la sepa nadie. A lo mejor, cuando seas mayor, lo descubrirás tú. Los niños listos que tienen la curiosidad son un recurso nacional y mundial. Se les debe cuidar, mimar y animar. Pero no basta con el mero ánimo. También se les debe dar las herramientas esenciales para pensar.

Me gustaría que dejásemos de producir estudiantes de institutos poco curiosos, carentes de espíritu crítico y de imaginación. Nuestra especie necesita, y merece, una ciudadanía con la mente despierta y abierta y una comprensión básica de cómo funciona el mundo.

Sostengo que la ciencia es una herramienta absolutamente esencial para toda sociedad que tenga la esperanza de sobrevivir hasta el próximo siglo con sus valores fundamentales intactos…no sólo la ciencia abordada por sus practicantes, sino la ciencia entendida y abrazada por toda la comunidad humana. Y, si eso no lo consiguen los científicos, ¿quién lo hará?

 

 

 

 

El Camino de la Libertad

No debemos creer a los muchos que dicen que sólo se ha de educar al pueblo libre, sino más bien a los filósofos que dicen que sólo los cultos son libres.

Epicteto

 

Frederick Bailey era un esclavo en Maryland, en la década de 1820, y lo que vio y experimentó de pequeño lo marcó para siempre. A los esclavos les habían metido en la cabeza tanto en la plantación como desde el púlpito, el tribunal y la cámara legislativa, la idea de que eran inferiores hereditariamente, que Dios los destinó a la miseria. En esa época había una norma muy reveladora: los esclavos debían seguir siendo analfabetos. En el sur antes de la guerra los blancos que ensaban a leer a los esclavos recibían un castigo severo.

Bailey fue a trabajar para el capitán  Hugo Auld y su esposa Sophia, en este entorno, todos los días veía cartas, libros y gente que sabía leer. Descubrió lo que él llamaba el misterio de leer: había una relación entre las letras de la página y el movimiento de los labios del que leía. Con la ayuda de Sophia y algunos niños blancos, aprendió a leer lo que le facilitó fugarse a Nueva Inglaterra, donde la esclavitud era ilegal y los negros libres. Cambió su nombre por el de Frederick Douglas (consultor del presidente Lincoln).

Si Frederick Douglas pudo aprender cuando era un niño esclavizado y entrar en el alfabetismo y la grandeza, ¿porqué hoy en una época tan ilustrada, queda alguien que no sabe leer?.

Si uno crece en una casa donde hay libros, donde alguien le lee, donde padres, hermanos, tías, tíos y primos leen por placer, es natural que se aprenda a leer. Si no hay alguien cerca que disfrute leyendo, ¿dónde está la prueba de que vale la pena?.

Los mecanismos de pobreza, la ignorancia, la desesperanza y la baja autoestima se mezclan para crear una especie de de máquina de fracaso perpetuo que va reduciendo los sueños de generación en generación. Frederick Douglas demostró que la alfabetización es el camino que lleva de la esclavitd a la libertad. Hay muchos tipos de esclavitud y muchos tipos de libertad. Pero leer sigue siendo el camino. Recordemos lo que Bailey una vez dijo:

“Ahí (en casa del capitán Auld) entendí…el poder del hombre blanco para esclavizar al negro. A partir de este momento entendí el camino de la esclavitud a la libertad”

 

 


[*] Sagan, C. El Mundo y sus Demonios. La Ciencia como una luz en la oscuridad. Planeta, México, 1997.

 

Del empleo del tiempo

Carta a Lucilio Número I (Parte 2-3)

...¿A quién me presentarás que conceda algún valor al tiempo? ¿qué aprecie un día? ¿qué comprenda que él se muere cada día? Pues en esto nos engañamos, en que miramos la muerte ante nosotros; ya que gran parte de ella ya pasó; cualquier momento de la vida que quedó atrás lo tiene la muerte. Todo nos es ajeno, mi querido Lucilio; tan sólo el tiempo es nuestro: La naturaleza nos ha puesto en posesión de este único bien, fugaz y resbaladizo y del que nos priva cualquiera que quiere.

Séneca

 

 

 

 

De la verdadera amistad

Carta a Lucilio Número VI (Parte 3-5)

 ...Muchos te podría citar que no carecieron de un amigo, pero sí de una amistad. Eso no puede suceder cuando una voluntad sincera de amarse dos lleva los espíritus a unirse. ¿Por qué no puede ser? Pues saben que ellos mismos tienen todo en común y aún más, la adversidad. No puedes llegar a comprender cuánto impulso me proporciona cada día. "Envía -dices- también a mí eso que has experimentado como tan eficaz." Por cierto, yo anhelo verterlo todo en ti y yo me gozo en aprender algo, para poder enseñar; y ninguna cosa me deleitaría, aunque fuera bellísima y de la máxima utilidad, que había de saber para mí solo. Yo renunciaría a la sabiduría si se me diese con esa única excepción: la de tenerla encerrada dentro de mí y no poder  comunicarla. Ninguna posesión de cualquier bien es agradable si no se comparte con alguien. Así, pues, yo te enviaré los libros mismos y, para que no te agobie el excesivo trabajo mientras vas siguiendo punto por punto para sacar provecho, te pondré notas para que llegues cuanto antes a los que apruebo y admiro. Sin embargo, la conversación y la convivencia con el amigo te aprovechará más que la prosa de los libros...

Séneca

 

 

 

La emoción de UN  ideal

(El Hombre Mediocre)

 Cuando pones la proa visionaria hacia una estrella y tiendes el ala hacia tal excelsitud inasible, afano de perfección y rebelde a la Mediocridad, llevas en ti el resorte misterioso de un ideal. Es ascua sagrada, capaz de templarte para grandes acciones. Custódiala; si la dejas apagar no se enciende jamás. Y si ella muere en ti, quedas inerte; fría bazofia humana. Sólo vives por esa partícula de ensueño que te sobrepone a lo real. Ella es el lis de tu blasón, el penacho de tu temperamento. Innumerables signos la revelan: cuando se te anuda la garganta al recordar la cicuta impuesta a Sócrates, la cruz izada para Cristo y la hoguera encendida a bruno; cuando te abstraes en lo infinito leyendo un dialogo de Platón, un ensayo de Montaigne o un discurso Helvecio: cuando el corazón se te estremece pensando en la desigual fortuna en que fuiste, alternativamente, el Romeo de tal Julieta y el Werther de tal Carlota: cuando tus sienes se hielan de emoción  al declamar una estrofa de Musset que rima acorde a tu sentir y cuando, en suma, admiras la mente preclara de los genios, la sublime virtud de los santos, la magna gesta de los héroes, inclinándote con igual veneración ante los creadores de la Verdad o de la Belleza.

Todos no logran, como tú, extasiarse ante un crepúsculo, no sueñan frente una aurora o vibran con la tempestad; ni gustan de pasear con Dante, reír con Moliére, temblar con Shakespeare, crujir con Wagner; ni enmudecer ante el David, la Cena o el Partenón. Es de pocos esa inquietud de perseguir ávidamente alguna quimera, venerando a filósofos, artistas y pensadores que fundieron en síntesis supremas sus visiones del ser y de la eternidad, volando más allá de lo real. Los seres de tu estirpe, cuya imaginación se puebla de ideales y cuyo sentimiento polariza hacia ellos la personalidad entera, forman raza aparte en la Humanidad: son Idealistas.

Definiendo su propia emoción, podría decir quién se sintiera poeta: el ideal es un gesto del espíritu hacia alguna perfección.

…Sin ideales, sería inconcebible el progreso…Todo idealismo es, por eso, un afán de cultura intensa: cuenta entre sus enemigos más audaces a la ignorancia madrastra de obstinadas rutinas…Lo poco que pueden todos, depende de lo mucho que algunos anhelan.

 José Ingenieros

 

 

 

 

 

Amigo Mío

Amigo mío... yo no soy lo que parezco. Mi aspecto exterior no es sino un traje hecho cuidadosamente que me protege de tus preguntas, y a ti, de mi negligencia.

El “yo” que hay en mi, amigo mío, mora en la casa del silencio, y allí permanecerá para siempre, inadvertido, inabordable.

No quisiera que creyeras en lo que digo ni que confiaras en lo que hago, pues mis palabras no son otra cosa que tus propios pensamientos, hechos sonido, y mis hechos son tus propias esperanzas en acción.

Cuando dices: “El viento sopla hacia el oriente”, digo “Sí, siempre sopla hacia el oriente”; pues no quiero que sepas entonces que mi mente no mora en el viento, sino en el mar.

No puedes comprender mis navegantes pensamientos, ni me interesa que los comprendas. Prefiero estar a solas en el mar.

Cuando es día para ti, amigo mío, es de noche para mí; sin embargo, todavía hablo de luz del día que danza en las montañas, y de la sombra purpúrea que se abre paso por  los valles; pues no puedes escuchar las canciones de mi oscuridad, ni puedes ver las alas que se agitan contra las estrellas, y no me interesa que oigas ni que veas lo que pasa en mí; deseo estar a solas con la noche.

Cuando tú subes a tu cielo, yo desciendo a mi infierno. Y aún entonces me llamas a través del golfo infranqueable que nos separa: “¡Compañero! ¡Camarada!” y te contesto  “¡Compañero! ¡Camarada!”, porque no quiero que veas mi infierno. Las llamas te cegarían, y el humo te ahogaría. Y me gusta mi infierno; lo amo hasta el grado de dejar que lo visites. Deseo estar solo en mi infierno.

Tú amas la Verdad, la Belleza, y lo Justo, y yo por complacerte, digo que está bien, y simulo amar estas cosas. Pero en el fondo de mi corazón, me río de tu amor por estas entidades. Sin embargo, no te dejo ver mi risa, prefiero reír a solas.

Amigo mío, eres bueno, discreto y sensato; es más: eres perfecto. Y yo a mi vez, hablo contigo con sensatez y discreción, pero...estoy loco. Sólo que enmascaro mi locura. Prefiero estar loco, a solas.

Amigo mío, tú no eres mi amigo. Pero ¿cómo hacer que lo comprendas? Mi senda no es tu senda, y sin embargo, caminamos juntos, cogidos de la mano.

 Khalil Gibrán

 

 

 

 

 

El Animal Silencioso

 

En la mirada del animal silencioso

hay un discurso que sólo el alma

del sabio puede comprender verdaderamente.

 En el crepúsculo de un hermoso día, cuando la fantasía se apodera de mi mente, pasé por el borde de la ciudad y me detuve ante las ruinas de una casa abandonada, de la que sólo quedaban las piedras.

Entre las ruinas vi un perro que yacía sobre suciedad y cenizas. Su piel estaba cubierta de úlceras y la enfermedad atormentaba su cuerpo débil. Sus ojos tristes miraban una y otra vez al sol poniente y expresaban humillación, desesperanza y miseria.

Me acerqué a él con el deseo de saber el lenguaje animal para que mi compasión pudiera consolarlo. Pero sólo logre aterrorizarlo, e intentó levantarse sobre sus patas paralizadas. Cayéndose, me echó una mirada en la que se mezclaba la ira impotente con la súplica. En esa mirada había un discurso más lúcido que el del hombre y más conmovedor que las lágrimas de la mujer. Esto es lo que entendí que decía:

Hombre, sufrí la enfermedad que causó tu brutalidad y persecución.

Huí de tu pie rudo y me refugié aquí, porque el polvo y las cenizas son más dulces que el corazón del hombre y estas ruinas menos tristes que su alma. Vete, intruso del mundo del desgobierno y la injusticia.

Soy una miserable criatura que sirvió al hijo de Adán con fe y lealtad. Era el más fiel compañero del hombre, lo cuidaba noche y día. Me afligía en su ausencia y lo recibía con alegría a su regreso. Me contentaba con las migajas que caían de su mesa y me alegraba con los huesos que sus dientes habían despojado de carne. Pero cuando me volví viejo y enfermo me sacó de su hogar y me abandonó a los despiadados jóvenes de las callejuelas.

Oh hijo de Adán, veo el paralelismo que existe entre mi caso y el de tus prójimos imposibilitados por la edad. Hay soldados que lucharon por su país cuando estaban en la flor de su vida y que luego labraron su suelo. Pero ahora que ha llegado el invierno de sus vidas y ya no son útiles se ven desechados.

También veo parecido entre mi suerte y la de una mujer que, en los días de su adorable juventud, alegró el corazón de un joven y que después, como madre, dedicó su vida a sus hijos. Pero ahora, ya anciana, es ignorada y eludida.

¡Qué tiránico eres hijo de Adán. Y qué cruel!

Así habló el silencioso animal, y mi corazón lo comprendio.

 Khalil Gibrán

 

 

 

 

 

 

 

“Reflexiones Sobre la Sabiduría”

 

El hombre sabio es el que ama y reverencia a Dios. El mérito del hombre está en su conocimiento y en sus acciones, no en su color, fe, raza o nacimiento. Porque debes tener presente, amigo mío, que el hijo de un pastor que posee conocimientos vale más para una nación  que el heredero  de su trono, si éste es ignorante. El conocimiento es tu verdadera ejecutoria de nobleza, sea quién fuere tu padre o tu raza. El saber es la única riqueza de que  no te pueden despojar los tiranos. Sólo la muerte puede apagar la lámpara del conocimiento que arde dentro de ti. La verdadera riqueza de una nación no consiste en su oro ni en su plata, sino en su saber, en su sabiduría  y en la rectitud de sus hijos.

Las riquezas del espíritu embellecen la paz del hombre y producen simpatía y respeto. El espíritu de cualquier ser se manifiesta en los ojos, en el semblante y en todos los movimientos y gestos del cuerpo. Nuestra apariencia, nuestras palabras, nuestras acciones no son nunca más grandes que nosotros. Porque el alma es nuestra casa; nuestros ojos, sus ventanas; y nuestras palabras, sus mensajeros.

El saber y el entendimiento son los fieles compañeros de la vida, que nunca te serán desleales. Porque el conocimiento es tu corona y el entendimiento tu báculo; y no podrás poseer mayores tesoros cuando los llevas contigo.

El que te entiende es más allegado a ti que tu mismo hermano. Porque los parientes pueden no entender ni conocer tu verdadero valor.

La amistad con el ignorante es tan imbécil como discutir con un borracho.

Dios te ha dotado de inteligencia y de conocimiento. No apagues la lámpara de la Gracia Divina, ni dejes que se extinga  el cirio de la sabiduría en las tinieblas de la licencia y el error. Porque el sabio avanza iluminando con su antorcha el camino de la humanidad.

Debes saber que un solo hombre justo produce más aflicción al Diablo que un millón de creyentes ciegos.

Un poco de conocimiento operante vale infinitamente más que un gran caudal de saber inactivo.

Si tu saber no te enseña el valor de las cosas  y no te liberan de la esclavitud  a la materia, jamás te acercarás al trono de la Verdad.

Si tu conocimiento no te enseña a elevarte por encima de la flaqueza y miseria humanas y a conducir a tu prójimo por el sendero de la justicia, eres sin duda alguna hombre de poco valor y seguirás siendo  así hasta el Día del Juicio.

Aprende las palabras de sabiduría que aplican los sabios y aplícalas a tu propia vida. Vívelas, pero no trates de lucirte recitándolas, porque el que repite lo que no sabe no es mejor que un asno cargado de libros.

Khalil Gibrán

 

 

 

 

 

 

 

 

¿Quién Muere?

Muere lentamente quien se transforma en esclavo del hábito, repitiendo todos los dias los mismos trayectos, quien no cambia de marca, no arriesga a vestir un color nuevo y no le habla a quien no conoce.

Muere lentamente quien hace de la televisión su gurú.

Muere lentamente quien evita la pasión, quien prefiere el negro sobre el blanco y los puntos sobre las "ies" a un remolino de emociones, justamente las que rescatan el brillo de los ojos, sonrisas de los bostezos, corazones de los tropiezos y sentimientos.

Muere lentamente quien no voltea la mesa cuando está infeliz en el trabajo, quien no arriesga lo cierto por lo incierto para ir detrás de ese sueño que lo está desvelando, quien no se permite por lo menos una vez en la vida huir de los consejos sensatos.

Muere lentamente quien no viaja, no lee, quien no oye música, quien no encuentra gracias en sí mismo.

Muere lentamente quien destruye su amor propio, quien no se deja ayudar.

Muere lentamente quien pasa los días quejándose de su mala suerte o de la lluvia incesante.

Muere lentamente quien abandona un proyecto antes de iniciarlo, quien no pregunta sobre un asunto que desconoce o no responde cuando lo indagan sobre algo que no sabe.

Muere lentamente quien no comparte sus emociones, alegrías y tristezas, quien no confía, quien no lo intenta.

Muere lentamente quien no revive recuerdos y sigue emocionándose como si lo estuviera vivido en ese momento.

Muere lentamente quien no intenta superarse, quien no aprende de las piedras del camino de la vida, quien no ama y deja amar.

Evitemos la muerte en suaves cuotas, recordando siempre que estar vivos exige un esfuerzo mucho mayor que el simple hecho de respirar.

 PABLO NERUDA.

 

 

 

 

 

Este mensaje es para ti:

La noche quedo atrás, un nuevo día se asoma en tu horizonte de ventura. En lo que fue llanto hay alegría, en lo que fue rencor hoy hay ternura.

Ya eres otro, bajo el conjuro de la palabra amor te has superado, todo es más noble en ti, todo es más puro, porque todo de amor se te ha llenado.

Amar y solo amar, esa es la clave que mueve al universo a la vida.

Lo duro de la senda es más suave si tu puedes decir “Ama y Olvida”.

Amar a Dios, a ti, al mundo entero, a los que tu conoces, al extraño, al rico, al poderoso, al que te da la paz o te hace daño.

Tú ya eres otro, porque has podido arrancar la cadena que te ataba a tu eterno imposible, y has sabido transponer el dolor que te agobiaba.

Llena tu mente de las cosas buenas de las cosas positivas que construyen, y deja en el ayer todas tus penas, las negaciones que todo lo destruyen.

Tu hogar será de dicha, en los tuyos hallarás el porqué de tu camino y todo para ti será de orgullo y tus hijos tendrán otro destino.

Y tu que eres soltera, buscarás no al hombre que halague tus sentidos, sino al alma que te comprenda más , porque “El Alma Hace Al Hombre, No el Vestido”.

La noche quedo atrás un nuevo día se anuncia en el dintel de tu ventana, ya no dejes que escape tu alegría, 
ni que vuelva el ocaso a tu mañana, ya no vivas de ayeres, de lamentos, ya no suenes tu nota discordante. 
Piensa en todos tus momentos que “La Vida Comienza a Cada Instante”.

 

 

 

 

 

 

Callejero

 

Era callejero por derecho propio,

su filosofía de la libertad fue ganar las suyas sin atar a otros

y sobre los otros no pasar jamás.

Aunque fue de todos nunca tuvo dueño, que condicionara su razón de ser,

libre como el viento era nuestro perro, nuestro y de la calle que lo vio nacer.

Era un callejero con el sol a cuestas, fiel a su destino y a su parecer,

sin tener horario para hacer la siesta ni rendirle cuentas al amanecer.

Era nuestro perro y era la ternura que nos hace falta cada día más,

era una metáfora de la aventura que en el diccionario no se puede hallar.

Era nuestro perro por que lo que amamos, lo consideramos nuestra propiedad

y era de los niños y del viejo pablo a quién rescataba de su soledad.

Era un callejero y era el personaje de la puerta abierta en cualquier hogar,

era en nuestro barrio como del paisaje el sereno, el cura y todos los demás.

Era el callejero de las cosas bellas y se fue con ellas cuando se marchó ,

se bebió de golpe todas las estrellas, se quedo dormido y ya no despertó.

Nos dejo el espacio como testamento, lleno de nostalgia lleno de emoción,

vaga su recuerdo por los sentimientos...Para derramarlos...En esta canción.

 

Alberto Cortés

 

 

 

 

 

El tren de la vida

  La vida no es más que un viaje por tren: repleto de embarques y

 desembarques, salpicado de accidentes, sorpresas agradables en algunos

 embarques, y profundas tristezas en otros.

  Al nacer, nos subimos al tren y nos encontramos con algunas personas las

 cuales creemos que siempre estarán con nosotros en este viaje: nuestros

 padres. Lamentablemente la verdad es otra. Ellos se bajarán en alguna

 estación dejándonos huérfanos de su cariño, amistad y su compañía

 irreemplazable. No obstante, esto no impide a que se suban otras personas

 que nos serán muy especiales. Llegan nuestros hermanos, nuestros amigos y

 nuestros maravillosos amores.

  De las personas que toman este tren, habrá los que lo hagan como un simple

 paseo, otros que encontrarán solamente tristeza en el viaje, y habrá otros

 que circulando por el tren, estarán siempre listos en ayudar a quien lo

 necesite. Muchos al bajar, dejan una añoranza permanente; otros pasan tan

 desapercibidos que ni siquiera nos damos cuenta que desocuparon el

 asiento.

  Es curioso constatar que algunos pasajeros, quienes nos son tan queridos

 se acomodan en vagones distintos al nuestro. Por lo tanto, se nos obliga

 hacer el trayecto separados de ellos. Desde luego, no se nos impide que

 durante el viaje, recorramos con dificultad nuestro vagón y lleguemos a

 ellos... pero lamentablemente, ya no podremos sentarnos a su lado pues

 habrá otra persona ocupando el asiento. No importa - el viaje se hace de

 este modo; lleno de desafíos, sueños, fantasías, esperas y despedidas...

 pero jamás regresos.

 Entonces, hagamos este viaje de la mejor manera posible. Tratemos de

 relacionarnos bien con todos los pasajeros, buscando en cada uno, lo que

 tengan de mejor. Recordemos siempre que en algún momento del trayecto,

 ellos podrán titubear y probablemente precisaremos entenderlos ya que

 nosotros también muchas veces titubearemos, y habrá alguien que nos

 comprenda.

  El gran misterio, al fin, es que no sabremos jamás en qué estación

 bajaremos, mucho menos dónde bajarán nuestros compañeros, ni siquiera el

 que está sentado en el asiento de al lado. Me quedo pensando si cuando

 baje del tren, sentiré nostalgia..Creo que sí. Separarme de algunos amigos

 de los que me hice en el viaje será doloroso. Dejar  que mis hijos sigan

 solitos, será muy triste. Pero me  aferro a la esperanza de que, en algún

 momento, llegaré a la estación principal y tendré la gran emoción de

 verlos llegar con un equipaje que no tenían cuando embarcaron.

  Lo que me hará feliz, será pensar que colaboré con que el equipaje

 creciera y se hiciera valioso, hagamos que nuestra estadía en este tren

 sea tranquila, que haya valido la pena. Hagamos tanto, para que cuando

 llegue el momento de desembarcar, nuestro asiento vacío, deje añoranza y

 lindos recuerdos a los que en el viaje permanezcan.

 

 

 

 

 

 

 

 

Juan Salvador Gaviota

 La mayoría de las gaviotas no se molestan en aprender sino las normas de vuelo más elementales. Para esta gaviota, sin embargo, no era comer lo que le importaba, sino volar. Más que nada Juan Salvador Gaviota amaba volar.

...Con el pasar de los días, Juan se sorprendió pensando una y otra vez en la Tierra  de la que había venido.

Si hubiese sabido allí una décima, una centésima parte de lo que ahora sabía, ¡Cuánto más significado habría tenido entonces la vida! Quedóse allí en la arena y empezó a preguntarse si habría una gaviota allá abajo que estuviese esforzándose por romper sus limitaciones, por entender el significado del vuelo más allá de una manera de trasladarse  para conseguir unas migajas caídas de un bote. Quizás hasta hubiera un exiliado  por haber dicho la verdad ante la bandada.

Richard Bach

 

 

 

 

LA MARIONETA

 Creo que no voy a volver a dormir tanto. . . después de esto.
Si por un instante Dios se olvidara de que soy una marioneta de trapo, y me regalara un trozo de vida, posiblemente no diría todo lo que pienso, pero en definitiva pensaría todo lo que digo.
Daría valor a las cosas, no por lo que valen, sino por lo que significan.
Dormiría poco . . . soñaría mas . . . entiendo que por cada minuto que cerramos los ojos, perdemos sesenta segundos de luz.
Andaría cuando los demás se detienen, despertaría cuando los demás duermen, escucharía mientras los demás hablan, y ¡como disfrutaría de un buen helado de chocolate!.
Si Dios me obsequiara un trozo de vida, vestiría sencillo, me tiraría de bruces al sol, dejando al descubierto, no solamente mi cuerpo sino mi alma. Dios mío, ¡si yo tuviera un corazón! . . . Escribiría mi odio sobre el hielo, y esperaría a que saliera el Sol. Pintaría con un suelo de Van Gogh sobre las estrellas un poema de Benedetti, y una canción de Serrat, . . sería la serenata que le ofrecería a la Luna. Regaría con mis lagrimas las rosas, para sentir el dolor de sus espinas, y el encarnado beso de sus pétalos . . . Dios mío, ¡si yo tuviera un trozo de vida! . . .No dejaría pasar un solo día sin decirle a la gente que quiero, ¡que la quiero!. Convencería a cada mujer u hombre de que son mis favoritos y viviría enamorado del amor.
A los hombres les probaría cuan equivocados están al pensar que dejan de enamorarse cuando envejecen, sin saber que envejecen cuando dejan de enamorarse. A un niño le daría alas, pero dejaría que el solo aprendiese a volar. A los viejos les enseñaría que la muerte no llega con la vejez sino con el olvido. ¡Tantas cosas he aprendido de ustedes los hombres! . . .
He aprendido que todo el mundo quiere vivir en la cima de la montaña, sin saber que la verdadera felicidad está en la forma de subir la escarpada.
He aprendido que cuando un recién nacido aprieta con su pequeño puño por vez primera el dedo de su padre, lo tiene atrapado para siempre.
He aprendido que un hombre únicamente tiene derecho de mirar a otro hacia abajo, cuando ha de ayudarlo a levantarse.
Son tantas cosas las que he podido aprender de ustedes, pero finalmente de mucho no habrán de servir porque cuando me guarden dentro de esa maleta, ¡infelizmente me estaré muriendo!.

 

 

 

 

 

Nombres de Cosas ya Caídas en Desuso

 Llegará un día en que los niños aprenderán unas palabras que les costará trabajo comprender;

Los niños de la India preguntarán: ¿Qué es el hambre?.

Los de Alabama: ¿Qué es la segregación racial?.

Los de Hiroshima preguntarán muy extrañados: ¿Qué es la bomba atómica?.

Y todos los niños de las escuelas preguntarán: ¿Qué es la Guerra?.

Serás tú, quien habrá de responderles, y les dirás “Son nombres de cosas caídas ya en desuso, como las diligencias, las galenas o la esclavitud”.

Esas palabras ya no quieren decir nada, por eso se les quito del diccionario.

Debruyne

 

 

 

 

 

Los Derechos Del Libro

 Tengo Derecho a ser libre como mi nombre lo indica, sin tantas ataduras que me sometan  a estudio, tarea y, a veces, a castigo. Tengo derecho a ser leído para que la huella del hombre no se pierda y guarde su pasado, presente y futuro.

Tengo derecho a estar contigo... 

 Tengo Derecho a pedir que no me escondan en casilleros que parecen cárceles, ni me guarden en las alturas para que no me alcancen ni me pongan de canto para no ser visto.

Tengo derecho a estar contigo... 

 Tengo Derecho a no servir de adorno ni pasarme el resto de mi vida sin que abran los ojos para ver mis hojas esos ignorantes que me usan para que combine con la alfombra.

Tengo derecho a estar contigo... 

 Tengo Derecho a no ser comparado con otros medios que ni me suplen ni me anulan. Ellos tienen su lugar y yo el mío y nos complementamos. Pero además, desde que fui creado en mis páginas se ha vertido toda la información que permitió inventarlos.

Tengo derecho a estar contigo... 

 Tengo Derecho a salir de las aulas y de las bibliotecas para tomar las calles, viajar en autobús, apoltronarme en el asiento trasero de un coche con los niños, hacer la larga espera del doctor o reposar plácidamente en una playa y abrirme de capa para que me lean.

Tengo derecho a estar contigo... 

 Tengo Derecho a ser el juglar, el trovador y el cuentacuentos que cante y narre historias a los niños como lo hacían los viejos.

Tengo derecho a estar contigo... 

 Tengo Derecho a recorrer los más apartados rincones del planeta donde la gente no tiene para comer, sencillamente porque no me ha leído.

Tengo derecho a estar contigo... 

 Tengo Derecho a entrar en esas guerras fraticidas que usan como arma el explosivo. Yo se lo cambiaría  por una herramienta que es más útil y vence al enemigo: la inteligencia, que está en los libros.

Tengo derecho a estar contigo... 

 Y Tengo Derecho, ya que del árbol he venido, a ser sembrado en parques y jardines, con todos los honores merecidos. Si lo consigo, te puedo asegurar que habré de cosechar nuevos lectores.

¿ No es mucho pedir si te digo que tengo derecho a estar contigo?

Eduardo Robles Boza

 

Nombres de Cosas ya Caídas en Desuso

Llegará un día en que los niños aprenderán unas palabras que les costará trabajo comprender;

Los niños de la India preguntarán: ¿Qué es el hambre?.

Los de Alabama: ¿Qué es la segregación racial?.

Los de Hiroshima preguntarán muy extrañados: ¿Qué es la bomba atómica?.

Y todos los niños de las escuelas preguntarán: ¿Qué es la Guerra?.

Serás tú, quien habrá de responderles, y les dirás “Son nombres de cosas caídas ya en desuso, como las diligencias, las galenas o la esclavitud”.

Esas palabras ya no quieren decir nada, por eso se les quito del diccionario.

Debruyne

 

 

 

 

 

Las Reglas del Juego

La Regla de Oro

Todo cuanto queráis que os hagan los hombres, hacédselo también vosotros a ellos.

La Regla de Plata

No hagas a los demás lo que no quieras que te hiciesen.

La Regla de Bronce

Haz a los demás lo que ellos te hagan.

La regla de Hierro

Haz a los demás lo que te plazca, antes que ellos te lo hagan a ti.

La Regla de Tal para Cual

Coopera primero con los demás y luego haz lo que ellos te hagan.