Genealogía de la soberbia intelectual
De Enrique Serna recomiendo el libro Genealogía de la soberbia intelectual, aquí algunos fragmento:
Entre el saber y el poder, entre la fuerza y el conocimiento, ha existido siempre una dependencia mutua, pero también una enemistad profunda. Cuando entran en pugna, la inteligencia puede quedar sometida al poder, pero las ideas proscritas o censuradas retoñan años o siglos después con renovado empuje. Aunque haya tratado de crear un espacio autónomo desde los tiempos de la Academia platónica, la república de las letras y las ideas nunca ha sido un ámbito ajeno a los intereses
mezquinos y las rencillas políticas. No puede serlo porque los hábitos mentales de los antiguos sacerdotes perviven en el alma del intelectual moderno, sobre todo cuando renuncia al diálogo con el público, y aunque él mismo haya restringido su
campo de influencia a una pequeña secta de iniciados, dentro de ese mundo acotado ejerce una irrefrenable voluntad de poder. Los políticos buscan abiertamente la supremacía; los intelectuales, por el contrario, creen actuar con un noble desinterés y eso les impide, por lo general, ponerse en guardia contra sus ambiciones mal reprimidas.
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La manera más primitiva de acaparar el conocimiento es negarse a compartirlo, tapiar las puertas y ventanas por donde la gente común puede asomarse a los hallazgos de la secta privilegiada. Muchos intelectuales creen que la alta cultura, por su propia naturaleza, siempre será un club de acceso muy restringido y en consecuencia, no vale la pena empeñarse en divulgar lo que la masa jamás comprenderá. Saben, sin embargo, que algunos intrusos pueden meter las narices en las disciplinas bajo su custodia, y para mantenerlos a prudente distancia, procuran oscurecer más aún su lenguaje cifrado, con el secreto afán de que ningún lego ose profanarlo. La invención de jerigonzas científicas y filosóficas o la densidad metafórica de algunos poetas pueden obedecer a una legítima necesidad expresiva. Las nuevas ideas o las nuevas sensibilidades muchas veces no tienen cabida dentro del lenguaje convencional. Pero la retórica hermética también suele ocultar el vacío, pues deja abierto el camino a los falsos profetas que en todas las épocas han engañado a los incautos con los oropeles de la ciencia, el talento o la sabiduría.
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El egoísmo beligerante del autonombrado “hombre superior”, ya sea que ocupe la cima de su especie o crea ocuparla, lo lleva primero a renegar de la lógica y de la sintaxis, como renegó Heidegger y, finalmente, a confeccionar una ética de uso personal que le concede una patente de corso para exterminar pueblos enteros.
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El hombre endiosado, sea líder político o caudillo intelectual, niega sus lazos consanguíneos con el hombre común y, desde ese momento, se desliga emocionalmente del prójimo, a quien puede aplastar como una cucaracha.
Referencia:
- Letras Libres
- Editorial Taurus (Capitulo de muestra)
- Edición Kindle